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Viaje a Inglaterra 2016

Por tercera vez, un grupo de alumnos de secundaria ha tenido la oportunidad de integrarse durante una semana en la vida familiar y académica de la localidad costera de Broadstairs, en el condado de Kent.

Pocas experiencias pueden equipararse a este viaje por lo que condensa de novedad, bagaje cultural y puesta en práctica de lo aprendido en las aulas. El idioma inglés en vivo, con hablantes nativos, otras costumbres, otras comidas,…  un muestrario, en definitiva, de la amplitud de modos de vida que aguarda a quienes se atreven a abrirse al mundo.

El domingo 1 de mayo partíamos de madrugada hacia el aeropuerto de Málaga para tomar el avión a Luton, Londres. Y en unas horas nos encontrábamos en Broadstairs a la espera de que las familias llevaran a cada estudiante a su casa. Esa misma noche, los móviles bullían en un incesante intercambio de mensajes con las primeras impresiones de nuestros alumnos: los miembros de su familia, la casa, la cena,…

El primer día de clases, lunes, fue intenso. Impresionaba ver cómo en cuestión de segundos, y haciendo alarde de la puntualidad británica, los cerca de quinientos estudiantes de las más diversas nacionalidades quedaban recogidos en sus aulas correspondientes. A las 9 en punto de la mañana, los espacios exteriores de encuentro volvían a estar desiertos.

Esa misma noche supimos que los alumnos de San José de la Montaña habían obtenido como resultado de su prueba inicial de inglés los niveles B1 y B2. Buen comienzo.

Y la semana transcurrió plagada de actividades complementarias de las clases de inglés matutinas. Por las tardes tuvimos la oportunidad de realizar una gymkhana a través del pueblo (por cierto, nuestros alumnos fueron los ganadores de los dos primeros premios), una sesión de baile con “Just Dance”, un paseo por la costa hasta la localidad de Ramsgate, una visita a Canterbury, competición en la bolera de Margate, y otras actividades lúdicas y deportivas.

Las noches, después de cada cena, estuvieron amenizadas con discoteca, cine, taller de percusión y paseo por la costa.

Quizás el día más esperado era el sábado, por la visita a Londres. Llegamos por la mañana a la famosa localidad de Greenwich, enclave del meridiano que lleva su nombre y que marca la separación entre Este y Oeste y punto de inicio de los distintos husos horarios del mundo. Las vistas de Londres eran impresionantes desde sus jardines.

Un barco nos trasladó a través del Támesis hasta el pleno centro de la ciudad, dejando en nuestras retinas (y en nuestros móviles) imágenes inolvidables de edificios y puentes emblemáticos: el teatro The Globe, rascacielos como el Shard, la cúpula de la catedral de Saint Paul, la Torre de Londres, el Puente de la Torre, el Ojo de Londres,… y finalmente el Big Ben y las Casas del Parlamento.

Una vez desembarcados, se hacía difícil moverse por entre las céntricas calles de un Londres bullicioso y atestado de turistas que, como nosotros, disfrutaban de un día inusualmente soleado y cálido para la época del año. En unos minutos acudía a nuestro encuentro la encantadora Fátima, antigua profesora del colegio, ahora trabajando y estudiando en la capital británica. Nos acompañó hasta el final de nuestra visita mostrando un cariño recíproco con nuestros alumnos. Incluso los guías la acogieron como una gran ayudante por ser buena conocedora de la City.

Desde Westminter nos dirigimos al parque de  Saint James pasando, antes, cerca de la casa del primer ministro británico en Downing Street y atravesando el palacio de Whitehall. Al final del parque, un imponente Palacio de Buckingham se presentaba ante nuestra vista. Después de las obligadas fotos, nos encaminamos a través del Pall Mall hacia Leicester Square. Este sería nuestro punto de encuentro tras el esperado almuerzo y el rato de compras por Regent y Oxford Street.

Ya de vuelta en Broadstairs, dedicamos la noche a empaquetar nuestros equipajes, pues la mañana del día siguiente (último de nuestra estancia) la dedicaríamos a visitar la encantadora ciudad de Rochester, escenario de los ambientes reflejados en algunas de las novelas de Charles Dickens.

Difícil era imaginar, el domingo día 8 a las 12 de la  noche y ya en Torredonjimeno, que tan sólo unas horas antes nuestros pies aún pisaban suelo británico.

Toda una experiencia, de las que marcan para siempre. Y con unos alumnos ejemplares que dejaron muy alto el pabellón español.

 

 

 

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