
Cuántas cosas hemos hecho a medias, creyendo que mañana no sería tan rápida…
Hoy… en mi corta vida, o larga, según quién la escribe… he dilatado segundo a segundo esta existencia rompiendo los esquemas al reloj.
De las 24 horas que otros dieron al día, saboreo hasta dar carácter propio a esos cinco minutos que dan comienzo a esa otra savia que se escribe con tizas…
Y… un conato de sembrar verdad en cada corazón joven resulta un intento para fundamentar mi propia realidad.
Porque… aunque no lo creas… En ti me hice lección, repasando mi ayer me encontré con mi mañana. Esta vida, toda mi bibliografía.
Porque… son tus cristalinos los que me hablan… Y si aún, piensas que mis pupilas no te han mirado, si cuando no te han visto, ojos he pintado.
Tú, mi yo más escondido. Tú… Ávida centinela, pasando noches en vela… Golpeas con ahínco mi propio yo y tambaleando mi ser, prendido queda. Encrucijada… haciéndose red. Escapando en la trampa más infinita. Tambaleando la seguridad de las dudas. En un cara a cara de libertades cortándose alas. En esa nada que sacrifica todo.
Sí, aquella que un día se subió al escenario de la docencia…
Sí, cada momento religioso… confieso lo hago para mí, porque tú (mi querid@ alumn@) te conviertes en mi oración.
(“Hace poco conocí a Me. Petra, pero ya hay un sitio en mi corazón para ella” Mayte Higueras. Alumna de 2º de ESO. Se matriculó en el Centro el curso pasado”) Qué relativo se hace el paso del tiempo, yo llevo décadas oyendo hablar de Me. Petra y con nuestras actitudes desnudamos cuánto de ella nos falta por aprender.
Tanto espacio dedicamos a buscar la renombrada felicidad… ignorando lo cercana que llega a estar, lo tangible y fácil de alcanzar. (“Me. Petra nos enseña el verdadero camino de la felicidad. Una persona con un coraje invencible, un corazón puro, mujer luchadora, que lo dejó todo por los que más la necesitaban. Ese “sólo” para ella no era un simple “sólo” sino un gran mucho” Felipe Ortega. 2º de ESO) Si supiéramos que uno al final tiene lo que da. Si supiéramos que la grandeza no está en ser amado, sino en amar.
Feliz, el que experimenta el gozo de derramarse gota a gota para el otro. (“Cada vez que notaba caer dinero en el bote, yo era más feliz, porque cada euro que sonaba se transformaba en sonrisa, la sonrisa de los niños del Chocó y la de los peques que en sus manos sostenían sus juguetes.” Matilde de la Fuente. 2º de ESO) (“Cuando realmente sentí a Me. Petra fue por la tarde, viendo a todos esos alumnos más pequeños felices mientras jugaban a una actividad tan simple como saltar una cuerda. Entonces entendí lo que verdaderamente alimentaba el alma de Me. Petra. La felicidad proviene de ver la sonrisa en los rostros de los que nos rodean y sentir que hemos ayudado.” Inma Martos. 2º de ESO)
Por qué se hace tan arduo pensar que la única forma de hacernos “yo” es trabajando el nosotros (esa suma de tú, él y yo). Por qué tan complejo el día a día (“Los días de Me. Petra eran como hoy los pintamos. De colores, algunos con tonalidades más alegres y otros con matices más apagados”. Rocío Mármol. 2º de ESO)
Por qué nuestros mil te quiero se los lleva el viento… (“si el mejor regalo para Me. Petra sería una palabra, un beso, una canción, un sentimiento, una sonrisa…” Miriam Godino. 2º de ESO)
El presente ideal se descubre retirando el precinto de falacias y mentiras en las que nos hemos envuelto.
(“Si Me. Petra no hubiera seguido su camino la puerta de nuestro presente se habría cerrado y ahora lo único que podemos decir es: Muchas gracias, Me. Petra, sin ti no seríamos lo que somos” Anabel Horno. 2º de ESO)
Sí, al final siempre brilla ella, Me. Petra. Sí, al final, su mano esconde nuestro corazón, respirando por nosotros. En cada un@ de sus hij@s la encuentras.
Y en ellos, yo la vi. Cada uno de sus gestos hoy sigue aquí…
El niño que cogió su peluche favorito para el mercadillo solidario (Cogió las manzanas y pensó: “Son mías… No, son tuyas. Para ti”.)
Los jóvenes dejaron sus videoconsolas… y se pusieron a jugar con los más pequeños a juegos tan sencillos como saltar una cuerda (Lo viejo: la vanidad, la presunción, los adornos femeniles, mantillas…Lo nuevo: el amor, la alegría, la sencillez…)
Nuestra Comunidad Educativa viviendo la Eucaristía (“Vos sobre todas las cosas”)
Jóvenes que renuncian a su tarde del viernes para pedir por los demás, desde los diferentes puestos de la Feria de Me. Petra (“En esto veo la fuerza que tiene el amor de Dios, porque por nadie ni nada habría yo hecho esto”)
Cuando el anciano recupera un minuto de lucidez y se da cuenta que se había hecho sus necesidades encima, acude uno de nuestros niños sonrientes y le dice: “no te preocupes que yo también me hago pipí en la cama cuando bebo mucha coca-cola” (y poniendo sus labios en la llaga del anciano la besó)
Alumnas que en lugar de ver la película que se proyectó por la mañana, cedieron su tiempo para “pintar el mundo de color” (“Para ellos las camas que han preparado para nosotras. No podemos permitir que enfermos como están reposen en el suelo”)
Con los pies doloridos de tantas horas de pie… y la sonrisa (“Doy por bien empleada esta mala noche que he pasado, por tal de poner derecha una vela a mi señor”)
En cada uno de nuestr@s alumnos la vas a encontrar… (Detrás de todo siempre veía el Proyecto amoroso de Dios)
Y la semana de Me. Petra también me hizo pensar…
También a mí… sentir. Escuchar esos latidos que a veces insisten en dormir
Y resultó que no fueron ellos los dormidos sino yo. Y es hermoso saber que mi alma es más intrépida que mi mente. Y que allí donde no llegaron mis sentidos, siempre hubo un sentimiento audaz para encontrarse contigo.
Sí, aquella que un día se subió al escenario de la docencia… y no bajó.
Porque es en esa bendita aula nº 14 donde me siento herida, por tanto, querida. Porque el amor más real es el que se regala. Al final, te ves en cada uno de sus gestos, detrás de sus sonrisas, atrapada en sus lágrimas, presa de sus palabras.
Y poner vocablos a esta relación que no empieza, es difícil cuando termina. Y en cada punto y final, se corre la tinta.
Mily Titos Padilla
Madre Petra dio color al mundo. Usó para ello una paleta especial, salpicada de óleos ricos en matices y tonos muy variados. Su Maestro en el arte de pintar la vida no esperaba menos de ella. Y ella respondió con entrega y entusiasmo, dando pinceladas de amor y ternura a su alrededor.
Se fijó en los lienzos más pobres y desgarrados, aquellos que cualquier artista habría desechado por inservibles, y plasmó en ellos la belleza que sólo alguien muy inspirado puede extraer de un mundo seco, triste y monocolor. Retrató la esperanza en los rostros, dibujó paisajes nuevos para quienes estaban de sobra en cualquier paisaje, esbozó cientos de trazos intentando hacer visible ese proyecto inacabado al que llamamos Reino y que ahora conocemos un poco mejor gracias a ella.
Y creó escuela. Y como los grandes artistas, permitió que sus discípulas dieran a conocer su obra y la agrandaran haciendo posible esta gran galería de entrega, disposición y amor que hoy puedes contemplar muy cerca de ti.
Si somos buenos observadores, descubriremos mucho arte a nuestro alrededor. ¿Estamos dispuestos, como Madre Petra, a colorear nuestro mundo?

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